“¡A ver, a ver, vamos a hacer una ronda bien, bien grande!” Con tono pedagógico, Pablito (uno de los cantantes de Arbol) pide cortésmente que el público arme un gran círculo. Le hacen caso y segundos después desata el pogo con Enes.
Es una de las tantas arengas que lanzó a lo largo de un show que fue de menos a más. Que los encontró un tanto desajustados al comienzo pero que con el correr de las canciones fue ganando en emotividad primero (le dedicaron Ya lo Sabemos a Gaby Ruíz Díaz), y en potencia después. No es casual la forma en que los Arbol se dirigen al público. Conformado en su gran mayoría por adolescentes y pre adolescentes, es indudable que la banda funciona como puerta de entrada al rock a la nueva generación.
Colaron en algún momento una versión de Alta Suciedad y pequeños fragmentos, acaso guiños para los más grandes, de temas viejos como En el país de La libertad de Gieco o Emotional Rescue de los Stones. El final es una seguidilla de hits nuevos y previos: Cosa Cuosa, Vomitando Flores, El Fantasma y La Vida. Pablito y Eduardo juegan con una pelota enorme de Pepsi, se hacen de un tacho porta bebidas y terminan tirados en el piso. Se los ve felices. Acaban de hacer saltar a casi todo un estadio antes de que toque Catupecu. No es poca cosa.
Por Santiago ´Gallo´ Bluguermann.
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